info@tapastour.com
Persona de contacto:
Maria Luisa Pérez
+34 686 959 358
English Spoken
Las tabernas o tiendas de vino más antiguas de Madrid se situaron en el "fondac", la zona donde acampaban las caravanas, extramuros de la Villa, en lo que hoy es la calle de Tabernillas (La Latina).

En 1561, cuando Felipe II nombra a Madrid capital del imperio, los pueblos de alrededor se ponen las pilas y empiezan a plantar viñedos para abastecer a la Corte. Muchas bodegas se establecieron en el entorno de la calle de Toledo, que era donde paraban las carretas y diligencias. Madrid se llenó de bodegas y tascas que eran, además de lugares donde refrescarse el gaznate y picotear algo, remansos para la charlita y la relación social. Las puertas de las tambarrias se pintaban de rojo púrpura, el color del vino tinto.

Mediado el siglo XIX las tabernas se convierten en los centros de reunión de los muchos campesinos que llegan a la ciudad en busca de una vida mejor. Las tascas adoptan la personalidad y la gastronomía de las regiones de las que proceden sus taberneros. La fusión de las cocinas españolas enriquece la cocina manchega que era la característica de nuestra ciudad, creando la gastronomía madrileña.
A comienzos del siglo XX Madrid cuenta con cerca de 1500 tabernas. En esa época se decoran con los elementos característicos que definen hoy la taberna madrileña clásica: mostradores de madera labrada, pilas de estaño donde corría el agua, griferías, anaqueles con botellas, saturadoras de agua de seltz, Medidas de estaño, cajas registradoras, reloj de pared, zócalos de madera o azulejo, columnas de forja, mesitas redondas de nogal con taburetes y bancos corridos…y en la portada: los gruesos cuarterones de madera, los cristales grabados al ácido y los rótulos pintados tras cristal con el nombre del dueño y el número de la calle.

En los años sesenta las tabernas empiezan a desaparecer, pues surge un nuevo modelo de negocio que supone un duro revés a la taberna tradicional: los bares y, posteriormente, las cafeterías. En ellos, al disponer de cocina, no solo se servían bebidas sino también café, pinchos, raciones, comidas, etc. Ello supone el abandono paulatino de la tertulia, para entrar en una vida más dinámica. Las tabernas fueron despareciendo, algunas definitivamente; otras, para convertirse en cafeterías. Afortunadamente, aún nos quedan en Madrid tabernas históricas de gran interés y la más antigua que conservamos es de 1830 (La Taberna de Antonio Sánchez).

En Madrid nos quedan tabernas históricas de gran interés
y la más antigua que conservamos es de 1830